domingo, 21 de marzo de 2004

Qué mala es la resaca

No sé que me duele más, si la cabeza o la barriguita. Parece que aun no he aprendido que el cóctel fiesta+alcohol+fiesta da como resultado un día siguiente duuuuro. muy duro. Y más si lo tienes que pasar en el trabajo, intentado extrujar las neuronas resacosas.

En todo caso ha merecido la pena. Fue una de esas noches perfectas, de esas que no te das cuentas y ya no es de noche, sino de día. De esas que acabas en el MOOG sin saber ni cómo, bailando rodeado de alemanas gigantes que te dan golpes hasta que te coge complejo de bolo. De esas en que tienes mucha sed y muchas ganas de reir y de otras cosas que, por suerte, también pude hacer.

Una noche de esas en que vuelves al pasado. Yo ayer volví a mayo del 2002. Fue como si entonces hubiera puesto el pause y ayer le volviera a dar al play. Vino Kike. Y fue como si no huibera pasado ese tiempo. Nos reimos mucho, hablamos mucho, y... eso. Y había un amigo suyo que tenía las uñas pintadas de negro y que era un poco raro. Kike me lo intentó explicar, pero yo no le presté mucha atención.

Ahora he quedado con my sister para que me de la mochila para irme a Londres, y creo que en el metro me moriré. Si no es así, estaré un ratito con ella, pero juro que me iré pronto a dormir, porque mañana tengo que madrugar (bueno, madrugar significa que me tengo que levantar a la 9).

Ah, por cierto, que ahora resulta que la barriguita que con tanto cariño he criado durante los últimos tiempos de alergia al gimnasio, pues resulta que me queda bien. Que me hace más hombre. Eso dicen. ¿Quiero ser más hombre? Creo que no.

A ver si el Barça gana.