viernes, 14 de mayo de 2004

gafe

Sigur Ros: ()

Está claro. Mi máxima de esta semana se cumple de cabo a rabo. La felicidad no existe, o yo tengo un gafe que te cagas. Vale, mi ordenador funciona, pero el resto de cosas se han jodido de una manera indecente. Estos son los tres elementos que me han hecho llegar a esta conclusión:

1. Mi jefa no se va del curro. Se queda para siempre jamás.

2. Estoy escribiendo en mi ordenandor mientras un montón de mariconas interesantísimas estan berreando las canciones de Fangoria en el Razz. Y yo sin entrada. Así han ido las cosas: resulta que Mochi intentó conseguir entradas, y pasaron los días y los días y el miércoles le dijeron que de tener entradas ni hablar. Y entonces intentamos comprarlas y estaban agotadas. ¡Fangoria agota entradas en el Razz! ¡No lo hicieron ni Suede! (aunque tampoco es de extrañar si me pongo a pensarlo). La cuestión es que por segunda vez me quedo con las ganas de ver a Fangoria en esa sala. Hace dos años y medio me hice un esguince el día antes del concierto, y esta vez, además de lo de las entradas pues ha pasado el elemtno número 3...

3. Gastroenteritis. El miércoles, el mismo día que supe que no vería a Alaska, me empezó a doler la barriga. Llevaba un par de días bastante jodido con la alergia primaveral y el día antes, el martes, me había mojado hasta las ideas, así que pensaba que me habría constipado. El dolor de tripa fue a más, después de comer empezó a ser un dolor más fuerte, pero yo, que soy un jabato, me fui a una rueda de prensa donde por poco me desintegro. Llegué al curro y allí vomité por primera vez. Tan sólo era el principio. Me fui a casa en taxi, porque no me veía con fuerzas de coger ningún tipò de transporte públic. Ya en casa, espere a ver si se me pasaba pero cada vez me encontraba peor. Tenía fiebre. Así que a las 21.30 decidí ir al médico de urgencias. Me dijo que por la pinta que tenía era gastroenteritis pero que también podía ser apendicitis, y claro, me cagué vivo. La tipa me dijo que no me podía recetar nada -solo Gelocatil, ya ves- y volvimos para casa. Pasó un rato y me acosté, incluso sin ver Los Serrano. Para que veas lo mal que me encontraba. Y pasaraon tres horas y yo seguía retorciéndome en la cama y vomitando cada cuarto de hora. Así que desperté a blanca y nos volvimos para urgencias. El médico me dijo lo mismo que la otra pero me recetó unas pastillitas. Y yo me las tomé pero a las 7 de la mañana aun seguía esperando que el dolor se me pasase. Y de repente el sueño venció al dolor y pude dormir un par de horas. El jueves estuve vegetando bastante y hoy he ido a trabajar otra vez, aunque no lo tendría que haber hecho.

Soy imbécil y tengo el gafe.