martes, 19 de octubre de 2004

resaca, paella y siesta

[The Libertines - Boys in the band]


De nuevo la monotonía. Qué bien. De lunes a viernes: curro. De viernes a domingo: fiesta.

Viernes, cubatas en Aire. Este sitio, pese a todos sus males, nunca me podrá dejar de gustar. Ponen los cubatas más cargados del mundo y a 5,5 euros. Últimamente he llegado a pagar 10 euros por un ron con cola, así que mi economía (que no mi estomago) agradece enormemente los precios populares de Aire. Lástima de tener que soportar a la joven fauna ibérica esa que se reune según que días y la música, que es directa a la vena. yo puedo soportar una canción de anastasia, pero cuando ya es la merche, y la roser y el mari-ú, mari-ú de los yugoslavos esos y cosas mucho peores, pues ya no puedo. Pero el viernes además es que había un chico muy mono. Como siempre, me fui sin decirle nada.

Al día siguiente fui a recuperar la maleta de B, que se había roto en el viaje a lisboa. Todo correcto. Me alegré mucho de hacer un recado a tiempo. Quedaban pocos días para que se me acabara el plazo para recogerla sin tener que pagar un recargo. De ahí me fui a comer con mi hermana, y en Portal de l'Àngel me encontré a mis padres. Suerte que no andabo yo fumando por ahí. No pude evitar tener que tomar algo con ellos, pero fue muy agradable. Les llevé a la terraza del bar ese que está en una callejuela detrás de la Catedral. Yo ya me entiendo.

Comí con mi hermana y con A, M y L en su casa, y cogimos una trusca importante. De ahí me fui a merendar con mis patagónicas queridas, y todo eran malas noticias (ralladas, básicamente), pero estuvimos juntos y eso es lo importante. Así que optamos por la vía Havana/Cola y acabamos en un estado etílico importante. Un rato C se ralló, y luego C también, y entonces la fiesta se acabó. No lo he dicho, estábamos en un festival llamado LEM (creo?) de música electrónica. Era en un garaje de Gracia, a dos minutos caminando del antiguo piso de C.

Por cierto, que he estado cenando con Laia. Así está el tema del piso a día de hoy: su hermana también está medio interesada en el piso. Entonces hay que ver si decide que hacer para saber si hay alguna posibilidad. Le he dicho a Laia que no me tenga en vilo mucho tiempo. A ver que pasa finalmente.

Volviendo al tema fin de semana, la fiesta del sábado en el aparcamiento era bastante potente a nivel de substancias psicotrópicas. Pero nosotros fuimos fieles al Havana Club, hasta que se acabó y nos tuvimos que pasar al Bacardi de mierda. C y C se encontraron a un par de conocidos, y yo, como siempre, pues no conocía a nadie. Creo que se me nota que el excompañero de piso de C me gusta. Y ahora con barbita, aun más. Me niego a mi mismo la remota posibilidad de hacer algo.

Por cierto, que estaba el Jordi Mollà, ni más ni menos guapo de lo que me lo imaginaba. No como aquella vez con C y C y C y yo con muletas, que fuimos a un bar y estaba el Carlos Fuentes super pasado y guapísimo.

[Y esta noche acabó como no podía acabar. Probando cosas nuevas y jugándome la vida. O viviendo al día. O no, divirtiéndome, o no miento, viviendo sin cojones para luchar por lo que quiero. O no. Era de madrugada, eso sí.]

Y el domingo, pues resaca, paella y siesta en el jardín de casa de mis padres. Las resacas son menos duras allí, durmiendo en el sofá, con la manta que me regaló mi tio Juanito cuando nací, y que, lo juro, parece nueva. La manta es preciosa, de color marrón y crudo con un dibujo de una cigüeña sosteniendo un bebé en una tela y volando por encima de unas montañas. Ya le he dicho a mi madre que esa manta se va a venir conmigo tarde o temprano.

Luego, mi hermana y yo fuimos a casa de C y CH a buscar eso, y volví a casa cagando leches para limpiar la cocina. Y como hoy he ido a trabajar y ha sido una mierda, pues me voy a despedir. Por cierto, ya tengo planes para el viernes.